
Este no es un texto para convencer a nadie.
Tampoco es una teoría sobre el humor ni una defensa del chiste.
Es una pausa.
Una de esas pausas en las que alguien se da cuenta de algo simple pero incómodo: que no todos enfrentamos la vida de la misma manera, y que algunos —sin pedir permiso— decidimos reírnos un poco más.
Lo que sigue no explica el humor como entretenimiento, sino como forma de estar en el mundo. Como una manera de mirar la realidad sin endurecerse. De entender sin amargarse. De seguir, incluso cuando todo pesa.
Léelo despacio. (o escúchalo varias veces)
Y si en algún punto piensas “esto podría haberlo escrito yo”, entonces probablemente sí.
Aquí la version para escuchar:
Manifiesto del Humorista Funcional
Yo me río. Y no es porque no me importe.
Me río porque entendí que, si no lo hago, muchas cosas se vuelven innecesariamente pesadas. No todo merece solemnidad. No todo necesita drama. Y no todo lo serio es profundo.
Veo el mundo con atención. Tal vez demasiada. Y cuando miras así, empiezas a notar los desfases: las contradicciones, las ironías que nadie planeó, pero que están ahí todo el tiempo.
Ahí es donde aparece el humor.
No lo uso para escapar. Lo uso para procesar. Para acomodar lo que duele sin romperme. Para decir “esto es difícil” sin quedarme atrapado en eso.
A veces el humor es lo único que evita que una situación se vuelva identidad, que un mal día se convierta en carácter, que un problema se quede a vivir en uno.
No me río de la gente. Me río con la vida. Con mis errores. Con lo absurdo de intentar controlar algo que claramente no vino con manual.
Hay quienes creen que el humor es falta de seriedad. Yo creo que es exceso de conciencia con salida de emergencia.
Porque cuando entiendes demasiado, o te vuelves amargo… o aprendes a reírte.
Y yo elegí lo segundo.
No todos entienden las bromas. Y está bien. El humor requiere soltar certezas por un momento. Aceptar que no todo tiene una sola lectura. Que no todo es literal.
Yo necesito esa flexibilidad para respirar.
El humor no me hace menos profundo. Me hace más ligero para poder seguir bajando.
Y sí, a veces me río incluso cuando no “debería”. No porque no duela, sino porque no quiero que el dolor tenga la última palabra.
Reírme es una forma de decir: esto es real, pero no me define.
Y si eso me convierte en alguien que ve humor casi en todo, entonces así soy.
No porque el mundo sea un chiste, sino porque vivir sin humor sería la broma más cruel de todas.
Epílogo
Sobre quienes vemos humor casi en todo
Ver humor en casi todo no es desconexión de la realidad. Es, muchas veces, una comprensión muy clara de ella.
Quienes vivimos así no ignoramos el peso de las cosas. Lo conocemos. Lo hemos cargado. Y precisamente por eso buscamos una forma distinta de habitarlo.
No es irresponsabilidad. No es burla. Y no es falta de respeto.
Es una manera de convivir con lo absurdo sin volvernos cínicos. De aceptar que la vida no siempre tiene sentido, pero que aun así merece ser vivida con algo de ligereza.
El humor no es un chiste constante. Es una lente.
Una forma de mirar la realidad sin endurecerse, sin perder sensibilidad, sin confundir seriedad con rigidez.
Podemos ser responsables y reírnos. Podemos respetar profundamente y notar la ironía. Podemos entender la gravedad sin dejar que nos aplaste.
Vemos humor porque entendemos el contraste entre lo que esperamos y lo que ocurre, entre lo que planeamos y lo que pasa, entre lo solemnes que creemos ser y lo torpemente humanos que somos.
Y ahí, en ese desfase, encontramos algo valioso: una forma más amable de existir.
No buscamos ridiculizar la vida. Buscamos hacerla habitable. Un poco más ligera. Un poco más respirable. Un poco más nuestra.
Nota personal
Si llegaste hasta aquí, probablemente también ves algo de humor donde otros solo ven peso. No porque te falte seriedad, sino porque entendiste que vivir no tiene por qué ser una carga constante.
Este texto no es una bandera ni una etiqueta. Es solo una forma honesta de decir: así proceso yo el mundo.
Si te sirve, tómalo. Si no, déjalo pasar.
Pero si alguna vez te has reído en un momento inesperado, si has usado el humor para seguir adelante sin endurecerte, entonces sabes exactamente de qué estoy hablando.
Al final, no se trata de reírse de todo. Se trata de no perderse a uno mismo en el intento de tomárselo todo demasiado en serio.
Y si el humor me ayuda a estar aquí —presente, consciente y un poco más ligero— entonces para mí, eso basta.
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